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Dejarnos atravesar por un nuevo tiempo

Por: Silvia Ambrussi, Lic. en Filosofía

“Hemos entrado al mundo por el nacimiento….con cada nuevo nacimiento nace un nuevo comienzo…el recién llegado posee la capacidad de empezar algo nuevo…” Estos conceptos que pertenecen a Hannah Arendt, en su libro “La Condición Humana”, nos hace pensar en el carácter irrepetible de cada persona, como un ser insustituible, otorgándole esa dignidad indisociable del ser humano. Cuidar nuestras vidas se ha con- vertido es una prioridad indiscutible, pues cada vida resulta ser una condición única y original.

En estos días atípicos, la incertidumbre nos hace conscientes de nuestra fragilidad, invitándonos a mirarnos en un deseo de reencuentro con nuestros afectos, donde las personas no son un instrumento para una u otra finalidad, sino que el “otro” es considerado como alguien al que no se puede reducir a “objeto”, ya que el otro es misterio que no podemos abarcar. Desde esta mirada es que nos hemos hecho responsables del otro, como base de la sostenibilidad de la vida otorgando un nuevo desafío como sociedad, y también como tarea esencial por parte del estado.

En este prolongado paréntesis de nuestra vida cotidiana, la necesidad de cuidarnos mutuamente, convive con nuestra natural vocación de libertad, porque no solo queremos transcurrir la vida, sino cargarla de significado con nuestras vocaciones, nuestros sueños y proyectos. Los temores se entrecruzan con nuestros anhelos en una danza que no sabemos cuándo se detendrá, y en esta situación desafiante, la reflexión ha sido una oportunidad, pues el camino de la introspección colectiva, permite iniciar un viaje interior, para repensarnos, y así transformar nuestra conciencia desde una inquietud ya no individual, sino como parte de una comunidad que tiene necesidad de sus afectos, de lazos sociales y comunitarios, de transformar el medio en un lugar mejor para vivir.

Sabemos que en esta crisis, estamos anclados en un presente que cada día se repite, pero conscientes que podemos hacer del mismo un nuevo paisaje, una nueva mirada, un nuevo anclaje, es en este presente que la vida ha de manifestarse, ella pide ser explorada, atravesada por nuestra interioridad, por nuestros anhelos, por nuestros afectos.

Hannah Arendt nos recuerda que en cada nacimiento algo nuevo ingresa al mundo, pero también, y luego de un año tan doloroso para muchos, y con tantas dificultades y desafíos para todo un mundo, podemos dejarnos atravesar por un nuevo tiempo, donde nuestros sueños y deseos se conviertan en un signo de esperanza para el mundo, renaciendo desde los miedos y la ansiedad, palabras que nos ha impuesto esta pandemia, donde los gestos de dolor se han entrecruzado con la solidaridad de quienes se sienten responsables del cuidado del otro, convirtiéndose en esperanza para un nuevo comienzo.

La palabra espera, ha resultado ser de las más significativa en este último año, pues habíamos hecho de los apuros, de la obtención inmediata de lo que deseábamos, el exigir, el correr….un modo de vida, pero el año que hemos transcurrido, nos enseño el arte de la espera, espera que no es pasividad ni quietud, sino hacerse responsable de generar las mejores condiciones para que algo que parece estar oculto, se nos pueda manifestar desde una solidaridad global que transforme desde una perspectiva humana, las problemáticas de nuestra cotidianidad.

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