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La Estación Hidrobiológica informa: EL JOSELITO NO ES UN MONSTUO ¿O sí?

Los monstruos marinos nos acompañan desde siempre. Ya hablamos en estas páginas del Kraken y de Moby Dick; pero el Leviatán, la Medusa Gigante y muchos otros también tienen su lugar en los relatos de los marinos. En casi todas las oportunidades desde la ciencia se brindó una explicación a su existencia, a veces refutándola y otras dando cuenta de que se trataba de animales reales, que a veces por su gran tamaño y comportamiento fueron confundidos por seres fantásticos

El caso de nuestro Joselito no escapa a estas explicaciones, y lo más probable es que el famosísimo Joselito sea una Tortuga Laúd. (Noten estimados lectores, que en un acto de valentía sin parangón lo enuncié en el segundo párrafo)

La descripción que realizan las personas que lo vieron coincide, en parte, con las características físicas de esa tortuga, pues la Tortuga Laúd no posee escamas ni escudos en su caparazón, sino que está compuesto por siete quillas longitudinales, un tanto aserradas, que le dan un aspecto temible y descrito por la mayoría de los testigos de la aparición de Joselito. Uno de los testimonios nos contaba que “sus patas son como remos” y efectivamente, como podemos ver en las fotos que ilustran esta nota, eso es así. Y en otra de esas fotos se puede ver que el largo de las aletas delanteras es hasta desproporcionadamente largo.

Podrán decir los escépticos, “pero esta tortuga no vive por acá”; a lo que respondemos: los estudios científicos, entre 1935 y el año 2004, han documentado 64 registros (70% varamientos, 55% capturas y 5% avistajes) de esta especie, incluido el ejemplar que se ve en las fotos, que llegó muerta a las costas de nuestra zona, entre Costa Bonita y Arenas Verdes, al que pude fotografiar. En nuestro país es común su presencia a lo largo de todo el año hasta el sur de la provincia de Buenos Aires.

La Tortuga Laúd, en Argentina, no escapa a la principal problemática mundial de conservación que es su mortalidad asociada a la interacción con pesquerías, pero también, al igual que todas las tortugas marinas, esta especie se encuentra gravemente amenazada por la contaminación marina, y la presencia humana a través de desarrollos hoteleros y modificaciones en playas de anidación debido al turismo irresponsable.

Entre los años 2006-2013 se colocaron tres equipos de seguimiento satelital en ejemplares adultos. Dos fueron colocados en la zona del San Clemente del Tuyú, (Buenos Aires, Argentina) y el tercero en Kiyu, (San José, Uruguay) dirigidos a evaluar el impacto de la captura incidental por parte de la flota pesquera de arrastre.

Es la tortuga marina más grande del mundo, y llega a medir tres metros de largo y pesar 800 Kg. Es muy oscura, casi negra, con unas manchas blancas dispersas pero que se hacen más notorias y abundantes en el cuello, la zona ventral y en las aletas. Son altamente migratorias, pudiéndose desplazar varios miles de kilómetros debido a necesidades alimentarias y de reproducción. Es la especie que puede soportar temperaturas más bajas, gracias a la presencia de un tejido subcutáneo muy graso, que actúa como aislante y pueden llegar a una profundidad de unos 90 metros.

Así como puede fotografiar a la Tortuga Laúd que varó en nuestras costas, también lo hice con Joselito, pero fue en los tiempos en que las máquinas fotográficas tenían películas; y esa película se veló, por lo que el único testimonio que quedó de ese extraordinario acontecimiento de mi vida es el que dibujó el Maestro Pablo Benedini, pues él, y los integrantes de la banda de rock “El Remolcador”, fueron testigos de esa hazaña.

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