Cargando...
ComunidadEntrevistas

¿Quién cuida las infancias de un pueblo?

-Primera Parte-

Por: Marcela Di Rocco Profesora Especializada en Jardín Maternal y Educación Preescolar

Poner la infancia al abrigo, construir una escuela que aloje y resguarde, conectando inteligentemente el cuidado y el conocimiento para salvar un futuro impugnado en su esencia más básica: pobreza, violencia, crueldad. ¿Qué posibilidades tiene hoy la escuela de tejer esa trama de significaciones que atempera, que protege, que resguarda, cuando la realidad se presenta con la virulencia que conocemos?

En la Argentina las nuevas proyecciones alertan que, en diciembre de este año, el porcentaje de niños y niñas pobres alcanzaría el 62,9% -según datos de UNICEF basados en los aportes del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y pronósticos del Producto Bruto Interno (PIB), provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) Más de la mitad de nuestras infancias viven bajo la línea de pobreza. En un aula de Jardín de Infantes un niño le manifiesta a la maestra que no quiere jugar porque tiene hambre, porque “hoy en su casa no había comida”. Un niño de tan sólo 4 años ingresa solo porque lo dejaron a media cuadra para no dar explicaciones de por qué su rostro tiene un hematoma.

Escenas de hambre, de violencia y de desamparo, escenas en las que conviven chicos y grandes, niños, niñas, jóvenes y adultos, todos “igualmente” vulnerables. Si el desamparo es la “falta de recursos para subsistir”, a la falta de comida, de techo, de salud, de seguridad, se suman la fragilidad y la inconsistencia de un tejido social que se debilita en cuanto a la estructuración de creencias e ideales.

Pero la posibilidad de dar sentido a lo que se presenta como inexplicable para un niño y una niña se hace factible si hay un “otro” que mantiene cierta integridad emocional para situar en una trama lo que irrumpe de la realidad. Por ejemplo en la película de Roberto Benigni,

“La vida es bella”, el personaje del padre se erige como ese “otro” que sostiene para su hijo una escena lúdica poniendo un velo de significaciones a esa realidad inexplicable de los campos de concentración, a los que él también se halla sometido.

Esta película italiana muestra cómo en una situación de extrema vulnerabilidad un padre elige, en medio de su propio desconcierto, privilegiar el cuidado del niño mientras tramita su propia incertidumbre con otros adultos. La película plantea un caso extremo y nos permite sostener la idea de que el adulto tiene la responsabilidad de preservar al niño. Incluso en las condiciones más penosas, el recurso de dar sentido posee una fuerza vital extraordinaria estableciendo una distancia necesaria con los hechos, que permite aproximarse a éstos sin sentirse arrasado por ellos. Se trata de una especie de pantalla, que recubre la crudeza de los hechos, brindando la posibilidad a quien la padece de erigirse como un sujeto activo frente a las circunstancia y no mero objeto de estas.

Cuidar nuestras infancias es una deuda que tenemos como sociedad donde todos somos corresponsables. Pero los adultos que hoy habitamos la escuela también estamos vulnerados por las mismas circunstancias (agudizadas ahora como consecuencia de la pandemia). Entonces ¿qué márgenes tenemos hoy de constituirnos en esos “otros” en convertirnos en ese Guido –padre de Giosuè en la pelicula ? Pensemos juntos el guión para una nueva trama que seguiremos en el próximo número……

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

NUESTROS ELEGIDOS