Cargando...
Arte

Salvador Barnaba

Nació en La Dulce en el año 1933. Hijo de inmigrantes italianos. Aprendió a trabajar la tierra y a plantar árboles frutales con sus padres en la quinta de la familia.
Desde muy chico le atraía dibujar y pintar. Recuerda haber comenzado con un mate y una bombilla con pintura al aceite. En aquel tiempo no existía el óleo.

De muy chico pinto un pimpollo de rosa y el aceite de la pintura siguió su proceso y estropeo el resto del cuaderno. Allí comenzó a pintar en superficies no absorbentes.
Al terminar la escuela primaria vendió su primer cuadro. Salvador recuerda que la gente que venía al pueblo y se acercaba a la quinta, veía mis cuadros, les gustaba y ellos ponían el precio ya que él desconocía el valor de su trabajo.

“Yo me especializaba en los cielos, porque veía que en la escuela todos pintaban el cielo, el cielo era azul y para mí no era azul. El cielo tenía muchísimos matices.
Lo mismo ocurría con un árbol, yo veía que el tronco tenía todos los colores, y una variedad de matices, no solo el marrón. Allí empecé a entender lo que era realmente el arte y así empecé a pintar matizando y eso me llevó a ir creciendo en lo que hacía.
Durante muchos años, me presenté a distintos torneos en los cuales salía ganador.
En el año 2000 hizo su primera exposición.
Ha realizado exposiciones en el Banco Credicoop, en la Fundación de la USINA, en el Museo Histórico en el Parque Miguel Lillo y en el Museo Casa del Faro en Quequén.
La próxima presentación será con motivo del 50° Aniversario de la Escuela Antártida Argentina en el Balneario Los Angeles, en el mes de Agosto.
Por tal motivo los festejos se acompañarán con un almuerzo, baile y la muestra pictórica.
Barnabá también escribe y nos regala lo que él denomina “emociones”:

Ví el rocío de tu alborada desde tu selva distinta hasta sangrar en la tinta de tu tierra colorada.
Ví agua desde Iguazú ir caminos de grandeza y rodeado de belleza vi el camino del mensú.
Ví tus campos forestados que decían de un mañana, postales provincianas de días tan soleados.
La selva conjuga un verbo de tantos brazos al cielo, son como ecos de un pueblo que estalla encanto su acervo.
Paraná del surubí madera yerbatal hermosa del litoral.
Sé que Dios, estuvo aquí.
Sí de mi mente te pierdes, qué suerte sería la mía volver a verte algún día, en la gracia de tus verdes.

Compartir:
Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

NUESTROS ELEGIDOS