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¿SER DIFERENTES O HACER DIFERENCIAS?

Por: Marcela Di Rocco

Profesora Especializada en Jardín Maternal y Educación Preescolar

“…lo que los niños escuchan en privado es lo que ejercitan en público..”

  1. Bleichmar

Reconocer y aceptar nuestras diferencias, y valorarlas como tal, es un primer paso hacia la inclusión. Lo opuesto a ser diferente no es ser iguales, sino ser idénticos, es decir, tener la misma identidad. ¿Se imaginan un mundo así?

La igualdad contiene el principio jurídico universal que establece que todas las personas son iguales, que no existen diferencias en el valor sin importar la raza, nacionalidad, género, preferencias sexuales, edad y otros. Todos somos seres humanos y por lo tanto debemos gozar de los mismos derechos y oportunidades.

Un día llegó un papá al jardín a quejarse con la maestra de su hijo porque éste le había dicho “malas palabras” a su madre y dijo: “una cosa es que lo haga yo, que es mi esposa y otra cosa, él con su mamá”

Entonces, ¿cómo hacemos para que los niños/as respeten a los demás?, ¿y para que acepten las diferencias poniendo en valor el ser diferente?: sin duda respetando nosotros los adultos y además enseñándoles que ellos no pueden pasar por encima de los demás. Vivimos en una sociedad en que permanentemente nos relacionamos con prepotencia, con violencia creyendo ser superior a los otros, en vez de propiciar relaciones solidarias.

Y esto aparece también en la educación de los niños/as. La manera de enseñarles a respetar al otro es estableciendo relaciones de respeto, respetándolos a ellos y marcando severamente las faltas de respeto, de discriminación en el sentido profundo del término, de los derechos  del otro.

La diferencia siempre enriquece si hay un adulto cerca del niño capaz de enseñarle que cuando se encuentra con otras personas de otras nacionalidades, de otras culturas se amplía su universo, mirando con más elementos a la realidad, incorporando costumbres distintas. La cultura permanentemente varía y los seres humanos nos enriquecemos a partir del intercambio. De manera que si se les enseña a convivir con las diferencias, se está propiciando constantemente el crecimiento de ellos.

Si lo analizamos al interior de una familia que los padres puedan aceptar las diferencias que tienen los hermanos entre sí y con ellos, y aprovechar esas diferencias para desarrollar lo mejor de cada uno y no para anular esas posibilidades en las cuales a veces ellos no se sienten totalmente identificados y entonces critican con exceso o ponen en lugares que no corresponde. De manera que la posibilidad de los niños de aceptarse en sus diferencias –ya sea entre hermanos y con otros niños- pasa por la forma con que los adultos puedan rescatar esas diferencias poniéndolas en valor y no convertirlas en estigmas para los niños.

La diferencia es constitutiva de la especie humana. Cada uno de nosotros es singular. Entre nosotros la singularidad es siempre un rasgo de la pertenencia y de la igualdad de derechos

Una sociedad no discriminadora y capaz de rescatar lo mejor de los seres humanos que la constituyen, ayuda a la familia porque en última instancia es la transmisora de los valores que la sociedad propone.

De manera que la familia se sostiene en lo que la sociedad va proponiendo permanentemente y se constituye, igual que los niños en esa sociedad.

 

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