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TIEMPO DE RENACER

Por: Silvia Ambrussi

Lic. en Filosofía

En cada solsticio de invierno una fiesta milenaria se celebra en varias partes del mundo. Es el retorno del sol después de la noche más larga del año. Ya desde el Neolítico se empezó a sospechar de la importancia del Sol para la vida, tal vez incluso antes.

En la actualidad fuegos artificiales y desfiles de antorchas mantienen parte de la tradición ancestral del culto al fuego, invitándonos a renacer y renovarnos junto con el sol.

Es la idea de una nueva luz que emerge, es un nuevo sol pues representa el triunfo de la luz sobre las tinieblas y, por tanto, el que los días comenzaran a alargarse,   cuyos primeros rayos marcan un nuevo comienzo, es un cambio que nos muestra que la naturaleza se prepara para un renacimiento, ya paso el otoño, la tierra descanso, recibe las nutrientes de las lluvias, el sol regresa y todo comienza….es un momento de fiesta y alegría cuyo propósito es el de compartir, contribuir, vivir en reciprocidad con la pacha y nuestro entrono

El nuevo amanecer es una esperanza de un nuevo comienzo y un nuevo encuentro con la vida, donde las inquietudes de la existencia y de la supervivencia, las preocupaciones diarias desaparecen, quedan entre paréntesis para recuperar el valor de lo cotidiano a través del ritual.

Los ritos permiten liberar al mundo de su contingencia para convertirlo en un lugar seguro y fiable que otorga permanencia y sentido, Intentando recuperar algo que en las rutinas diarias se pierde, pues  hemos perdido el paraíso, sin embargo  intentamos volver a habitar en él por medio del ritual, dejando en suspenso nuestras rutinas  y comportamientos autómatas, para otorgarle valor y significado a lo que diariamente nos acontece Es una experiencia de plenitud, de unidad del mundo espiritual con nuestro mundo diario y material, donde se ingresa al mundo sagrado, donde se está abierto a todo aquello que se revela como absolutamente otro, que se escapa a nuestra voluntad, pues es imprevisto, incontrolable. En el ritual reconocemos nuestra finitud y nuestras limitaciones, buscamos  seguridad y sentido para una vida que se presenta caótica, pero que puede volverse a integrar a un cosmos, a la totalidad.  Estamos sometidos a la contingencia y precariedad de la vida, sin embargo también estamos abierto al ser, al crecimiento de la vida.

Hoy, que afrontamos una crisis global donde nuestra vulnerabilidad se ha manifestado y la incertidumbre nos angustia,  nos mostramos hambrientos de significados, de sentido, de esa realidad que resulta  sagrada pues da fundamento y valor a la existencia,  buscando ese principio que nos trasciende y nos devuelve al paraíso, pues es allí donde la vida es mucho más que  existencia . Ante el riesgo de aislarnos en burbujas, los ritos hacen que el tiempo sea habitable, y nuestro estar en el mundo se transforme en un enriquecedor estar en casa junto a otros.

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