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UNA NUEVA MANERA DE MIRAR

En la opereta Candide, de Leonard Bernstein, basada en el libro homónimo de Voltaire, puesta en escena hace un par de años por Rubén Szuchmacher en Buenos Aires, con producción del Teatro Argentino de La Plata, los personajes cantan “… we’ll build our house and chop our wood and make our garden grow, and make our garden grow” (*) al final de la obra, el coro se suma trenzando voces y los que escuchan en la sala sienten que flotan en el aire, que los asientos desaparecen y que la emoción los abraza y les sonríe hasta las lagrimas.

Candide es el optimismo hecho personaje, la resiliencia hecha una bella historia. El suelo es como Candide. El suelo siempre fue suelo y el hombre, con el paso del tiempo en esta era Antropocena, le hizo vivir diversas historias, que son como los capítulos de una serie de temporadas infinitas. El suelo fue el barro para hacer vasijas y para construir paredes y levantar casas. El suelo fue lo que posibilitó el jardín. Mirando la naturaleza el hombre aprendió a cultivar el suelo. El suelo es hoy el recurso para generar nuestros alimentos, las fibras para hilar, tejer y vestirnos, biocombustibles y hasta medicamentos y moleculas de aplicación industrial, como la que se usa para hacer queso. Los recursos físicos y químicos no son infinitos, pero la vida permite una dinámica de reciclado y transformación que, como el ave fenix renace de las cenizas. La humanidad ha manejado el suelo según su conocimiento a lo largo de la historia.

Repensando

Algunas ideas que tenemos sobre las plantas y el suelo se enfrentan con nuevos conocimientos que obligan a repensar un poco todo: las plantas son seres individuales que absorben nutrientes de la solución del suelo; los nutrientes se liberan al suelo por la mineralización de la materia orgánica; los nutrientes se pueden manejar por reposición química; los problemas de manejo y enfermedades se resuelven con soluciones en base a diversas sustancias químicas. Todos estos conceptos fueron generados a partir de un conocimiento de la fisiología vegetal desarrollada en los años 40 y una idea del suelo donde su biología fué prescindible y se corrió de la escena para instalar otra biología, solamente la de las plantas. Un modelo que con el tiempo generó nuevos problemas cuyas soluciones se buscaron tambien en la industria química. El desarrollo del conocimiento de la biología y su complejidad en los últimos años produjo un cambió en la escena. Aparecieron conceptos como la diversidad, los servicios ecosistémicos y la novedad de los microbiomas. Las plantas dejaron de ser plantas y los suelos dejaron de ser un recurso de naturaleza física y química.

Las plantas en los sistemas pristinos viven interconectadas por redes sociales de microorganismos. Un cultivo es un sistema de plantas que interacciona con los microorganismos y la biología del suelo. Las ideas cambian y aparecen modelos nuevos. Las ideas se complejizan.

El suelo es un sistema vivo que reconfigura el concepto. Estamos asistiendo y siendo parte de un cambio de paradigma que nos modifica la mirada. Una nueva idea que requiere que aprendamos a entenderla como tal. Las plantas en cultivo ya no son las plantas que solíamos entender. Las plantas que comprendíamos a partir de estudios en hidroponia ahora son sistemas de asociación simbiótica con los microbiomas en sus raíces, en sus hojas y en su interior. El genoma de la planta se expresa en íntima asociación con cientos de miles de genomas de microorganismos que viven alrededor de la planta, sobre la planta y dentro de la planta. Microbiomas que determinan su desarrollo y productividad. Los cultivos como parte de un complejo sistema biológico.

Salud en el suelo

El suelo ha dejado de ser un recipiente y un proveedor de nutrientes y se reconfigura en parte activa del sistema de producción. Un suelo que se cultiva y se desarrolla. La calidad del suelo se resignifica en la idea de la salud del suelo, pues su resiliencia y fertilidad dependen del correcto funcionamiento del sistema en relación con el ambiente. Diagnosticar la salud del suelo se vuelve un requisito de manejo para poder monitorear, con responsabilidad, las practicas agrícolas que se adoptan y aplican para producir más y mejor. Un sistema que funciona en el sentido correcto se retroalimenta en el mismo sentido, por necesidad vital, por que el suelo es un sistema vivo.

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Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música… (primeros versos del poema Los Justos de Jorge Luis Borges)

Una nueva mirada que requiere de cierta ingenuidad, candidez y confianza para correr el riesgo de abandonar modelos que fueron muy buenos en su momento, cuando la evidencia muestra lo contrario. Externalidades que se observan al ampliar la mirada y que obligan a reflexionar y volver a empezar.

En ese juego de confianza e ingenuidad nos encontramos un grupo de científicos del CONICET, Universidad Nacional de Quilmes y Universidad Nacional de Río Cuarto, con un grupo de productores de la Regional Pergamino-Colón de Aapresid que lideraron el Proyecto Chacra Pergamino. Desde hace 6 años venimos estudiando, con un punto de vista asentado en la biología del suelo, los resultados de los efectos de la intensificación y diversificación de las rotaciones de cultivo. Así encontramos que la intensificación en las rotaciones de cultivo genera desarrollo de la biología en el suelo. Una intensificación que se emparenta, de hecho, con la idea de intensificación ecológica que se plantea en los modelos de agroecología. La biología, como sistema, es la misma se represente en el escenario que se represente.

Luis G. Wall y Luciano A. Gabbarini

Investigadores de CONICET -Laboratorio de Bioquímica y Microbiología de Suelos -Centro de Biología y Microbiología de Suelos -Universidad Nacional de Quilmes

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